sábado, 26 de febrero de 2011

Tanía


Se fue sin pedir permiso, así como entraba a la casa mientras la aseaba y recogía… Se fue, tan espontánea e inesperadamente… Se fue pero también se quedo aquí, muy dentro de mí…

Prometí cuidarla, y no lo hice, ¡Que mal me siento!
Pero quiero creer que su tiempo ya pasó y que algún día nos volveremos a ver…

Está ella ahora yendo hacia el cielo, enviándome desde allá un sonrisa…
¡¡Que hermoso recordarla así!! ¡¡Corriendo, ladrando, feliz!!

Tanía no necesitaba decir adiós...

sábado, 12 de febrero de 2011

Sensualidad De Un Gran Momento

Una alcoba beige con 414 arcoíris en el techo, dos camas separadas, tres pasos de distancia, dos cuerpos…

Y estaba yo ahí, convencido de lo que quería. Lo quería a él. Deseaba tenerlo para mí, lo más cerca posible, con la proximidad más intensa.

La luz se apaga con calma, la poca ropa se cae al suelo, mis manos deliran, mi cuerpo que tiembla, su voz que susurra algunas palabras que no llegue a entender al instante, palabras que eran como una caricia más que él prodigaba, una caricia que me decía que se sentía mío y que no podía dejar de saborear mi piel y de deleitarse con mi figura.

Justo ahora puedo cerrar mis ojos y sentirme todavía ahí dentro, respirar el aire que él expulsaba, besar esos labios y sentir ese sabor tan agradable, tan suyo, tan mío. Puedo cerrar los ojos y evocar abrirlos y ver sus verdaderos ojos, aquellos que lucen más hermosos al amanecer, aquellos que brillaban y me saludaban también. Puedo cerrar los ojos y ver un jardín dentro de él, notar que la noche se vestía, notar que las rosas esa noche eran sólo para nosotros.

Puedo escuchar las voces de todo lo que tenía dentro, mis gemidos presenciándose, tomando la atmósfera y hacerla pasional. Puedo todavía, sentirlo con toda mi alma. Puedo sentirme aún encantado de saberlo allí, sobre mi cuerpo, dándonos un placer tan grande que no podría ni soñar que existía siquiera. Placer, que palabra tan alucinante. Puedo sentir mi cuerpo aún, de una manera que nunca antes había experimentado. Puedo parecer aún estar en el aire, pero, a la vez, sentirme más en la tierra que nunca.

Puedo,  y quiero…

lunes, 7 de febrero de 2011

Jugando al muerto


Siempre había deseado ir al Bosque de la Primavera, y hoy por fin lo hice. Aunque siento como si hubiese olvidado algo, algo que entonces fue importante; sólo sé que antes de volver me sentía más pesado, y ahora sólo siento un espacio ausente, un espacio que anuncia que algo olvide…

No me siento tan triste, a decir verdad creo que ese espacio se ha estado rellenando de sonrisas y sueños futuros, pero recuerdo haber sentido una extraña sensación cuando estaba sentado en una roca: Vagamente recuerdo que sentí las ganas de vomitar, de sacar de mis adentros algo grande que tenía un desagradable sabor, pero que salió por mis ojos un hilito; además sentí como que ese hilo antes se había desatado de algo… como de mi corazón.

Quise tomar ese hilito, pues quería leer lo que tenía escrito, pero el aire me lo arrebato y lo llevo lejos…

Como sea que hubiese sido; no era tan importante después de todo, no me siento morir ni alucinar, creo que sólo estaba estorbando.

jueves, 3 de febrero de 2011

Episodio pendiente: Un miedo azul

Estaba animado: nos volveríamos a ver después de tanto tiempo; la última vez que nos vimos el invierno ni siquiera había comenzado, a decir verdad, la última vez que nos vimos ni nos vimos, fue dentro de un extraño lugar donde no se escuchaban las palabras, donde no se oían más que extrañas mezclas eléctricas bailables y habían luces de neón que parpadeaban…

Yo lo reconocí, él ni siquiera me vio: quise saludarlo pero algo me freno…

Ah si, nos veríamos… pero entonces sentí miedo, como cuando pisas una piedra tambaleante al intentar cruzar el lago, así o un miedo más frío… Mi mente entonces comenzó a inventar pretextos tontos para cancelar la cita, para entonces no verle y volver a sentir algo, para entonces no querer tomarlo de la mano, pararme de puntitas y besarlo…

Luego me mire preocupado y me reí de mi mismo, de mi miedo y me dije: ¡Lo veras!

Y entonces él cancelo la cita; no me dio razones, tan solo dijo que no podría y ya. Quizá, muy probablemente, él llegó a sentir también ese miedo, o tal vez no…