lunes, 21 de noviembre de 2011

Episodios, de otoño: Noviembre 19

Era una plática común de las que tenemos cada vez que la vida nos permite vernos: sentados en el suelo, mirando a la distancia donde solo nosotros podemos captar imágenes llenas de recuerdos, hechas de pensamientos y locuras, de deseos y penas.
Yo mordía el tallo de una planta que la naturaleza me dejo cortar mientras ella fumaba cigarrillo tras cigarrillo, y ambos exhalábamos el aliento de vida. Voltee mi vista hacia ella, su mirada aún seguía en otro espacio, la mire a detalle, tomar y soltar humo, me hizo pensar que moriría por ello. Y yo no quería que fuese así.

¿Por qué fumas? No digas que por estrés, ahora ambos disfrutamos de una inmensa alegría, más tu que yo – le pregunte curioso – No quiero que mueras, sabes los riesgos del tabaco, y aún así sigues fumando y fumando. Es malo Marijo, podrías terminar como aquella rata fea del empaque.

Entonces ella giro a verme, su mirada se mantenía reflexiva, y sonrió.

Yo tampoco quiero que mueras, tu sabes las consecuencias de amar a alguien, tienes presente también que algún día, cualquier día, sin esperarlo, te pueden romper de un golpe el corazón, y así, aún así, siempre vuelves a amar a alguien. Con la misma, o quizá, con más intensidad que la vez anterior – dijo volcando mi espacio.

Muy buena respuesta, pensé.

En mi defensa, no terminaría como la rata – dije, y ambos reímos.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Caminando o sentado por ahí

Mi vida anda bonita, solo que en ocasiones me topo con seres, objetos o circunstancias que me hacen navegar dentro de aquella bolsa que tiene todo acerca de mi vecino, de nuestros recuerdos y demás.

Actualmente ocupo mí tiempo haciendo varias cosas agradables, en la mañana asisto a la preparatoria: me gusta ir, me gusta ser el niño teto que se sienta frente a la maestra, el que obtiene la puntuación absoluta en sus trabajos, presentaciones, sketch, escritos, proyectos, y más; en la tarde voy a una primaria cerca de mi casa: ahí estoy dando mi servicio social y soy algo así como un maestro sustituto/ayudante del grupo de primero ‘C’, estar rodeado de tan bellos pequeños individuos (de unos seis años cada uno) me llena de mucha alegría, de esperanza. En la noche me dedico a hacer mis tareas, a ociar frente a la computadora, a leer, a beberme una taza de té de vainilla, porque el de menta se me termino ya.

Aprovecho los fines de semana para salir, en compañía o solitario; he ido a un tea bar que me asombro bastante (la miel de agave le da un sabor exquisito a todo té), fui al concierto que Julieta Venegas ofreció en la ciudad, salí a pasear por las bellas calles de Chapultepec llena de extranjeros por los pasados Panamericanos, comí ensalada con queso (y no me gusta el queso), comí en un bonito restaurant una hamburguesa de pollo con papas a la francesa y dos frapuccinos, me probé decenas de prendas por todas las tiendas de ropa que hay en Hidalgo y Juárez, me compre bonita ropa, bonitos tennis, bonitos cinturones (porque ahora todo me queda grande), baje de 56 kilos a 48, le baje a mi consumo de carne, ya no tomo refresco negro, camino mucho y lo disfruto, voy a todos esos bellos lugares míos favoritos de la ciudad, me tomo fotos en lugares encantadores llenos de verde, de vida, me escondí en un jardín bajo la ciudad donde había buganvilias y otras flores más, hasta un día salí a bailar.

Y soy un flaquito feliz que de vez en cuando se inunda de recuerdos y se pone serio y nostálgico mirando como el paisaje se mueve y cambia por la ventanilla del autobús.

Y mi nombre es Osmar.
El Hombrecito Hojas.