No debería contárselos, ni ustedes deberían leerlo; pero estoy tan contento que aún así compartiré con ustedes esto: Él me llamó, y me puso feliz, un tantito impactado, pero del todo aliviado. Hizo mi corazón y a mi cuerpo entero temblar, hizo que caminará y viera por la ventana hacia el cielo con esperanza.
Es probable, muy probable, que entre nosotros quede algo, algo chispeante: una amistad. Como él mismo lo dijo. ¡Encantado de que sea así!
Pero recuerden: ¡Es un secreto! No se lo mencionen a nadie.
sábado, 21 de mayo de 2011
jueves, 19 de mayo de 2011
Dije adios
Baje la mirada, mientras que él la alzo… y se puso en marcha.
Cuando ya estaba alejado, me vinieron de golpe todos y cada uno de los momentos juntos;
Me vinieron de golpe junto con unas ansias de abrazarlo, por lo menos una última vez…
Se fue y luego de un rato me fui yo también
Dije adiós: fue el final… nada quedo entre los dos
Nada más que el recuerdo, un grato y un tanto constante recuerdo...
domingo, 24 de abril de 2011
Tiempo Perfecto
A veces creo fuertemente que él está perdiendo su tiempo conmigo, que soy demasiado poco para lo mucho que se merece, que soy posiblemente la peor persona con la cuál se ha relacionado porque tengo un corazón a medio sanar, unas palabras sin fracturación, una sonrisa tonta y boba, una manera torpe de moverme, unos gustos contradictorios y hasta unas cuantas cicatrices entreabiertas por ahí.
Más no soy malagradecido: pues me considero bastante afortunado por ir caminando con su mano en la mía, que trato de darle todo lo que tengo, que le dejo ver mis errores para que me conozca para bien o para mal, que le cuento mis miedos, mis deseos, y mis recuerdos, que disfruto lo que me dice su silencio. Agradezco éstas y otras inmensas cosas más: como por ejemplo lo que paso la ultima vez, aquel día lleno de cosas insignificantes que nos probaron un enorme error al catalogarlas así, pues son mucho más que impotentes: que el frio y el calor cuando se mezclan sale algo mejor, que me sentí bendecido cuando coloco sus cicatrices sobre las mías y esperamos a que se amaran tan delicadamente, tan extraordinariamente.
Gracias, tu magnifico ser azul, gracias por justificar mi vida y mis sueños.
Más no soy malagradecido: pues me considero bastante afortunado por ir caminando con su mano en la mía, que trato de darle todo lo que tengo, que le dejo ver mis errores para que me conozca para bien o para mal, que le cuento mis miedos, mis deseos, y mis recuerdos, que disfruto lo que me dice su silencio. Agradezco éstas y otras inmensas cosas más: como por ejemplo lo que paso la ultima vez, aquel día lleno de cosas insignificantes que nos probaron un enorme error al catalogarlas así, pues son mucho más que impotentes: que el frio y el calor cuando se mezclan sale algo mejor, que me sentí bendecido cuando coloco sus cicatrices sobre las mías y esperamos a que se amaran tan delicadamente, tan extraordinariamente.
Gracias, tu magnifico ser azul, gracias por justificar mi vida y mis sueños.
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